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Diana, Mari Luz y Lorenzo


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Medio siglo

Buenos días buena gente.Si hace un año, cuando celebramos las bodas de plata, alguien me hubiera dicho que los 50 iban a llegar encerrados (o casi) en casa, lejos de mi chiquilla y sin verla desde hace seis meses, sin poder ir a La Chousa, con miedo a dar un abrazo, con este nivel de crispación y desinformación y con medio mundo en llamas le hubiera dicho que estaba muy mayor para cuentos de miedo, pero aquí estamos.A pesar de todo hoy es mi día, así que me voy a permitir desconectar y disfrutar de este día como la señora mayor que ya soy.#mediosiglo #26atulado #cincuentonaytanfresca #hoypuedeserungrandía #cosasquehacenquelavidavalgalapena https://www.instagram.com/p/CBAF5viHk1V/

Las matemáticas están de moda.

Hace ya un tiempo que no es difícil encontrar libros de matemáticas para regalar a los sobrinos (El país de las mates para novatos (o para expertos) de L. C. Norman; ¡Ojalá no hubiera números! de Esteban Serrano Marugán; Ernesto. El aprendiz de matemago de José Muñoz Santonja; Cuentos con cuentas de Miguel de Guzmán), a los padres (Érase una vez un número de John Allen Paulos; El Diablo de los Números de Hans Magnus Enzensberger; Geometría para turistas de Claudi Alsina), a mi hija (El asesinato del profesor de matemáticas de Jordi Sierra i Fabra) y a quien le interese pasar un rato entretenido. En la página de Divulgamat http://www.divulgamat.net/ hay una sección dedicada a los libros de divulgación matemática que os recomiendo visitar. Además ya no es tan raro encontrar estos y otros muchos libros relacionados con el tema en cualquier librería. Yo tengo la suerte de que en el Departamento recibimos regularmente la visita de Pons que nos presenta las novedades editoriales y siempre...

20 años no es nada.

Hace 20 años a estas horas todavía estaba dormida. Había sido un día muy largo, desde que me desperté a las 5 de la mañana pensando que ya llegabas y tu abuelo me dijo: "vuélvete a la cama que todavía hay para rato". ¡Cuanta razón! A las 8 me levanté tranquilamente, me duché y me preparé para ir a correas a las 11. Allí la comadrona (Alicia la de danzas) me dijo que todo estaba bien, que me fuera a casa y comiera, que celebráramos el cumpleaños de tu abuela y que volviéramos a las 8 para ingresar. Y eso hicimos. Así que pasé la tarde entre preparativos y visitas, abriendo la puerta entre contracción y contracción, y cantando el cumpleaños feliz. Cuando llegó la hora fuimos al hospital todos: tus abuelos, tus tíos, mis tíos, los Pereira... Aquello parecía una fiesta. En la habitación no dejaba de haber gente y yo preguntaba por los que no veía, y le decía a tu padre que llamara a Inma para decirle que me enviara los apuntes. ¡Ya ves! El peor rato llegó cuando me bajaro...