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Valladolid y mas

Ayer fuimos a ver a Miri y volvimos un poco descorazonados. Más que nada por su madre, que se lo está comiendo allí, sola, tres semanas ya fuera de su casa y sin tener con quien compartir estos duros momentos, más allá de las visitas de un rato, que al estar tan lejos no serán muchas.
Además salió bastante afectada de la consulta con el médico, porque se lo pusieron un poco más negro de lo que estaba.
Por fín hoy no han tenido que darle la vuelta porque le ha subido la saturación, y eso es una buena noticia (parece).
Hemos estado hablando un rato Jesús Mari y yo esta mañana de lo que esta situación supone para nosotros. Nos mete el dedo en heridas que todavía no están cicatrizadas, el fallecimiento de Juan Carlos, el de mi cuñada, todavía no tengo asimiladas esas pérdidas, y no se si estoy preparada para asumir más.
Aún echo de menos los cafés con Juan Carlos. El lunes tendríamos que haber estado juntos en la inaguración del curso, y después echando una partida de mus en el Frankfurt con unos orujitos. En lugar de eso pasé la mañana en el despacho y después de la rehabilitación me fuí a comer a casa.
Pero estoy decidida a no dejarme arrastrar por la nostalgia, a seguir mirando hacia el futuro con ilusión, o por lo menos sin amargura.

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