Otra vez de cumpleaños. Hoy ha cumplido 10 años mi sobrino el mayor. A pesar de que estaba castigado sin fiesta, sus abuelos, tios y primos hemos ido a felicitarle y a llevarle nuestros regalos, y su padre había preparado unos emparedados por si las moscas. Es un consuelo saber que el león no es tan fiero como lo pintan, y que no soy la única que se deja camelar (aunque solo sea un poco). Esta semana, de tanto ordenador creo, me estaba doliendo el cuello un montón, y hasta me mareaba, pero he encontrado una solución. Mi cuñado Juanjo tiene un masajeador para el cuello con calor incorporado, que lo hemos probado en su casa y me lo ha prestado unos días. A ver si hace efecto. Por fin parece que avanzo con la intro. Esta mañana he conseguido enlazar las álgebras de Cayley-Dickson con las de división, que es lo que me estaba volviendo loca por momentos, y ahora a ver si apaño lo que me queda. Puedo aprovechar mañana que tampoco tengo clase para currar en ella por la mañana, porque los días...
Mi ventana al mundo o el agujerito por el que el mundo me puede ver