12 diciembre 2010

Mateo

Una semana llevo pensando en hacer esta entrada, y hoy por fin me decido.
Es curioso como algo como el nombre elegido para un bebé puede reconfortar en un momento triste.
El sábado nos llamaron de Galicia para decirnos que había muerto Emilia, una de las primas de mi madre. Llevaba tres años luchando por vivir, con un tumor en el cerebro que no se podía extirpar totalmente, y aunque le operaron y le estaban dando medicación el año pasado por estas fechas pensábamos que se moría. Y resistió, como una campeona. En Semana Santa cuando fuimos me decía, medio en broma medio en serio, que ni la conocería por lo hinchada que le había dejado la medicación, pero sus ojos y su sonrisa no habían cambiado nada. En verano estaba mucho mejor y siguió mejorando hasta hace un mes. Luego ha sido todo muy rápido.
Esta foto es del verano de 2004 en la Casa Nova, en una comida de primos que organizó Mari Carmen. Lo pasamos muy bien, bueno, como siempre con la familia.
Total, que puente movidito. No como el de los controladores aéreos y los candidatos a viajeros, pero... El sábado salimos de aquí alrededor de la 1 y llegamos al tanatorio sobre las 7 y media. Tranquilos, la carretera estaba limpia, y los paisajes eran navideños totales, todo el campo cubierto de nieve, sin pisar, precioso. El domingo fué el entierro, en un día frío y desapacible, con viento y lluvia, como si el cielo quisiera llorar y mucho, y el lunes volvimos a casa.
Mateo es el nombre que le ha puesto mi prima Diana a su pequeño, que nació en día 1 de diciembre, así que tendrá que traerlo a las fiestas de Logroño. Es curioso, mi hermano la iba a poner Yago a Sergio aquí, y Diana le pone Mateo a su chiquillo en Galicia. Casualidades de la vida.
El martes celebramos el cumpleaños de Alicia y Marijose. ¡Felicidades! Cenamos y echamos unas partiditas y un rato de agradable conversación, como la ocasión se merece.
El miércoles fuimos a Astigarraga a comer a una sidrería con el Tobes, dos amigos suyos, Tere y Nekane. Lo pasamos bien y comimos estupéndamente. La pena fué que cuando fimos al peine de los vientos era ya de noche, y Vero (que no había estado nunca en Donosti) no pudo admirar la zona en todo su explendor. ¡Así tendrá que volver! De vuelta a casa me equivoqué de carretera y dimos un paseito por Vitoria (sólo por a circunvalación) y nos costó llegar a casa un poquito más de lo previsto.
Sorprendentemente esta semana no ha venido ninguna alumna a tutoría, así que he podido corregir todas las unidades didácticas tranquilamente. La verdad es que hay algunos grupos que se lo han currado bastante, y no sólo en la presentación y la forma, si no pensando actividades interesantes y motivadoras para los chavales.
Ayer pasamos todo el día recogiendo y limpiando la casa. Hay que aprovechar cuando vienen visitas para motivar a la tropa, y de paso obligarme yo a ponerme las pilas, porque ¡si tuviera la nariz de Samantha, ya iba a planchar yo un trapo, ya! Queda organizar la habitación del ordenador, que en estas ocasiones se convierte en un almacén provisional de todo lo que estorba, pero a ver si esta semana conseguimos darle otro empujoncito y ya se queda una casa decente.
Por la noche vinieron Rafa y Alicia con los niños y Mayte y Quique con Alex, y les sorprendí con una empanada de chipirones en su tinta (receta de mi madre) que para ser la primera vez que la hacía no quedó nada mal. Como siempre pasamos un ratito agradable y nos acostamos tarde, así que hoy hemos madrugado poquito, pero da gusto levantarse y ver la casa recogidita por la mañana, jeje.

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