27 septiembre 2008

Sábado fin de fiestas

Esta mañana hemos ido a Las Norias con los niños. Se lo han pasado bien, creo.
A veces resulta un poco desesperante ver como a medida que crecen los hijos dejan de hacer no sólo lo que esperamos de ellos, sino lo que les pedimos explícitamente, para convertirse en genuínos tiranos egoistas. No se dan cuenta de que la vida en sociedad supone una serie cesiones, por parte de unos y otros, y se dedican a dejarse querer y cuidar, y a tomar cuanto está a su alcance, sin preocuparse de si sus exigencias son o no razonables, o de si los demás están dispuestos a ceder lo que les corresponde.
Es posible que todos hayamos pasado por esa etapa, o que no sea tan exagerado como lo cuento, pero cuando el mayor interés de tu hija de 14 años es dormir hasta las dos y salir por ahí hasta las tres y media aparecen estos pensamientos.

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